[us_page_title description=»1″ font_size=»1.8rem» inline=»1″]

Por Jairo Mercado Romero

1

Cuida tu presentación todos los días. Vístete como si fueras para una fiesta, qué mejor fiesta que la vida?

2

No te encierres en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Sal con frecuencia a la calle o de paseo al campo. El agua estancada se pudre y las máquinas inmóviles se enmohecen y se oxidan.

3

Ama el ejercicio físico e intelectual como a ti mismo. Haz diariamente un rato de gimnasia y una caminata razonable, dentro o fuera de tu casa. No abandones tu permanente superación espiritual y cultural.

4

Evita actitudes y gestos de viejo derrumbado. No la cabeza gacha, ni la espalda encorvada, ni los pies arrastrándose, que la gente sienta deseos de decir un piropo cuando tu pasas. Por lo menos procura no inspirar lástima.

5

No hables de tu vejez, ni te quejes de tus achaques. Si lo haces acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás y los demás te harán el vacío, pues nadie quiere estar oyendo historias de hospital. Deja de autollamarte viejo y considerarte enfermo. Persevera en la lucha por aquello que contribuyó a tu sueño, tu ideario y al motivo de tu acción. Sólo si luchas hay esperanza.

6

Cultiva el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo en los juicios, de buen humor en las palabras, alegre en el rostro y amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años, sino de estado de ánimo. Goza aún tu juventud.

7

Sé útil a ti mismo y solidario con los demás, así podrás recibir en reciprocidad los que has brindado. No eres un parásito, ni una rama desgajada del árbol de la vida. Bástate, hasta donde sea posible, y ayuda a los demás. Ayuda con una sonrisa, con un consejo o con un servicio.

8

Trabaja con tus manos y con tu mente. El trabajo es cosa buena, es una terapia infalible. Cualquier actitud laboral, intelectual y artística, es la mejor medicina para los males del espíritu, de la mente y del cuerpo.

9

Mantén vivas y cordiales todas tus relaciones interpersonales especialmente las del hogar, integrándote al máximo con todos los miembros de tu familia. Ahí tienes la posibilidad de integrarte, de convivir y de interactuar con personas de todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida. Luego ensancha tu corazón hasta los amigos, procurando que ellos no sean exclusivamente viejos como tú.

10

Huye del bazar de las antigüedades. No pienses que todo tiempo pasado fue mejor. Déjate de estar condenando el mundo de hoy y maldiciendo este momento. Alégrate que entre las espinas florezcan las rosas. Sé positivo siempre. Negativo jamás. Los ancianos deben ser como la luna un cuerpo opaco destinado a dar luz. No dejes morir tus capacidades amatorias. Procura romper con el tedio y la incapacidad proveniente de la permanente soledad y la estéril rutina.

Este Decálogo se publicó con motivo de la creación de AJUBILUD

Menú