PALABRAS A UN GLADIADOR

La imagen distorsionada y deliberadamente tergiversada del Chocó y el estrecho del Darién, nos llevan a imaginar estampas promoviendo un turismo inexistente, de corredores biológicos y pantanos rodeados de rocosas serranías y enormes arbustos de bosques tropicales, que producen variedades y exóticos frutos. En las propuestas turísticas de antaño nos mostraban caudalosos ríos y playas donde dormitaban caimanes y pacíficas babillas tomando el sol, además, peces de toda clase, patos silvestres, manatíes y otros animales que facilitaban el alimento a poblaciones sedentarias, una población afro descendiente que disfrutaba del paraíso terrenal con la gran ventaja de no temer probar el fruto prohibido, pues no había pecado alguno.

Nada más alejado de la realidad. El Chocó y el estrecho del Darién son y han sido zonas apartadas, abandonadas, desprotegidas y sobreexplotadas por un capitalismo salvaje y voraz; la población es víctima del maltrato y ella sufre el hambre y la desnutrición; las enfermedades propias de un clima caliente, húmedo y selvático son incontrolables; la educación escasa y deficiente no permite una mejor preparación y calificación de su gente lo que lleva al desempleo y la falta de oportunidades. Ni siquiera sus deportistas representan los colores de su departamento por la falta de apoyo y deben emigrar en busca de mejores condiciones en los departamentos vecinos de Antioquia y Risaralda. Ellos se destacan defendiendo las banderas de Colombia y nos sentimos orgullosos de sus hazañas.

En cuanto a los estudios, si bien es cierto, cuenta con una universidad pública, ésta sufre los rigores de la quiebra por falta de presupuesto estatal. Sus directivos, profesores, alumnos y comunidad hacen esfuerzos heroicos para sacarla adelante.

Con este panorama desolador, el joven Antonio apoyado por sus padres, decide como uno más abandonar su terruño para ir en la búsqueda de un mejor futuro. Elige a Bogotá, y hacia allí encamina sus pasos en 1958.

De acuerdo a su espíritu de libre pensador y rebelde, busca una institución que más se acomoda a sus expectativas y en tal sentido se presenta a la Universidad Libre que tenía en la jornada Nocturna, la carrera de su preferencia y podía trabajar en el día. Pronto choca con la intolerancia, el dogmatismo, la exclusión y el racismo de grupos y partidos políticos que supuestamente pretendían, ¡salvar a la humanidad!

Las referencias que me daban los copartidarios de mi militancia política no eran nada halagüeñas, brillaban por su ausencia mencionar las virtudes que todo ser humano posee. Al temible personaje lo conocí y conversé en la U. Distrital en nuestra calidad de docentes. Hubo intentos de acercamiento pero ciertas reglas impuestas por mis jefes políticos lo impedían. En cierta ocasión, ante la bancarrota de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios, ASPU, algunas organizaciones pensaron en su salvación. La asamblea nacional efectuada en noviembre de 1979 no auguraba futuro promisorio. Una alianza entre todos podría lograr la anhelada recuperación. Fue un acto de madurez política.

De ese periodo histórico de 1979 a 1987, ASPU bajo la dirección encabezada por la presidencia de Antonio Caicedo Abadía, obtuvo resonantes resultados favorables a la democratización y la academia pública universitaria. Quiero resaltar:

  • Reorganización administrativa y recuperación de la confianza de las seccionales en el pago de las cuotas a cancelar a la Junta Central.
  • Respaldo a las movilizaciones, protestas y demandas ante las diferentes instancias del estado colombiano.
  • Asistencia a las convocatorias del Ministerio de Educación y la dirección del ICFES, pués, que según ellos, podríamos aportar a la discusión de la ley de reforma de educación superior en preparación en el marco de las facultades extraordinarias otorgadas por el Congreso al gobierno de Julio Cesar Turbay. Gracias a nuestros convincentes argumentos logramos modificar algunos puntos del proyecto.
  • Demanda de la Ley 080/80, con la asistencia profesional del abogado Juan de Dios Montes Hernández, ley que se cayó por vicios de inconstitucionalidad.
  • Convocatoria y realización de los Congresos Universitarios, I y II que reunieron a ASPU, Universidad Nacional de Bogotá y Medellín; la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia, las Asociaciones de las facultades de Ingeniería y de la salud de la Universidad del Valle; y las de Pamplona, Cúcuta y las seccionales de ASPU.
  • En los mencionados congresos se aprobó, un proyecto unificado para todo el país del estatuto docente y una propuesta que debía ser mejorada, de Reforma Universitaria que reemplazara a la declarada inexequible.
  • Unidad de acción con todo el magisterio afiliado a Fecode y vinculación directa, activa y efectiva al movimiento pedagógico.

Después al retirarme de las actividades sindicales del profesorado universitario y aún de la militancia política de izquierda, volví a encontrar a Antonio Caicedo Abadía como defensor de las luchas reivindicativas de los pensionados de la Universidad Distrital. Lo reconozco ahora en nuestra tercera edad, que Antonio, en vez de estar dedicado a las actividades propias de un “tierno abuelito” cuidando a los nietos y sacando a pasear al perrito, está al frente, como un aguerrido luchador defendiendo los intereses y el bienestar de sus ancianos colegas. Por eso no dudo –ni dudaré- en reconocer sus desvelos y gracias a esa labor dirigencial en asocio de sus compañeros directivos, el suscrito y los afiliados a AJUBILUD, podemos gozar de la pensión y de un buen servicio de salud, por tal razón no dejaré de expresar como lo hacía un conocido de la canción romántica: “Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido”.

Rafael Francisco Castro Hernández
Bogotá, D.C. junio 15 de 2017

SEMBLANZA DE UN LUCHADOR Y DE UN HOMBRE CON IDENTIDAD

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son imprescindibles.”
Bertolt Brecht

Este epígrafe pareciera resumirlo todo, pero no es así, más bien es un ejercicio bastante apropiado por su contenido, y por su dimensión humana, ya que logra mostrar a un Antonio Caicedo a sus 80 años alegre, perseverante, lúcido, y metido en el juego de la vida, y en la continuación de su extenso y tesonero trabajo gremial, siempre defendiendo, escribiendo, y direccionando los intereses colectivos en otrora de los maestros en todos sus niveles a nivel nacional, pero muy especialmente a los profesores de la Universidad Distrital F.J.C, hoy vapuleada académica y administrativamente, y con un grupo directivo que no ha cesado de perseguirnos no sólo con las pensiones, sino que ahora la ha emprendido contra los profesores que tienen una doble vinculación, ahí en ese ámbito ha estado la Asociación Ajubilud y el profesor Caicedo, quien también se ha distinguido por ser un luchador en la defensa del carácter público de nuestra alma mater. De la misma manera, su compromiso ha sido el de un acucioso cuestionador de la directivas, y sus comportamientos antiéticos, sin olvidarnos, que cuando estuvo como profesor activo fue forjador de programas académicos institucionales desde su disciplina como lingüista con una profunda vocación humanista, por eso como discípulo de Noam Chomski abrazó el pensamiento filosófico, gramatical, y político de éste cuando sentenció, “si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no abra esperanza. Si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar la cosa“.

Matriculado en esta escuela y pensamiento político, podemos afirmar que igual, Antonio Caicedo, ha sido un luchador político por las libertades democráticas y contra las exclusiones, el racismo y los salvajes rostros del capitalismo moderno. Desde diferentes orillas políticas, ha sido y estoy seguro será un incansable luchador por la paz con justicia social, en el ánimo y propósito de derrotar los brazos de fuego del fascismo criollo que despierta y duerme con su holocausto no sólo en su verbo, si no en su mente de guerra.
Hay un componente significativo en este hombre negro, y es que mientras sus contradictores políticos, y tal vez personales, o aquellos llenos de blancos odios querían poner el debate académico, filosófico o político en el terreno del macartismo y la de la ofensa racista,- el negro como suele llamarlo el profesor Héctor Chaves,- los confrontaba en el terreno del discurso argumentativo, la paciencia del cimarrón y del animal político porque sabía que las verduleras inglesas por más que gritaran para vender sus productos en la plaza lo hacían siempre porque que sabían que ellas estaban vencidas de la podredumbre; ósea, los que acudieron al expediente del racismo ramplón se encontraron con una muralla cultural, y una identidad racial de este hombre que ha sabido siempre de dónde viene, quién es, por y para dónde va, y ese talante de ser negro es porque sabe que desde niño creció en el goce del golpeteo de los tambores que trajo Benkos Biohó, de las maravillosas letras de Manuel Zapata Olivella, del Bravío e histórico pueblo de San Basilio de Palenque y de su inolvidable Choco, del poeta Candelario Obeso, y como diría Nelson Mandela, “Detesto el racismo, porque lo veo como algo barbárico, ya sea que venga de un hombre negro o de un hombre blanco”.

¡Larga vida, compañero Caicedo!

WILMER DAZA

PALABRAS ACTO ESPECIAL

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